Tamajón. 10 de octubre de 2022. Cuando los investigadores coordinados por el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) –radicado en Burgos– comenzaron a hacer las primeras catas en las proximidades Tamajón, nadie podía pensar que iban a encontrar restos tan antiguos en la zona. Sin embargo, los resultados han ido llegado. Ya han pasado varios años desde entonces, y las buenas noticias continúan, tanto en la parte paleontológica como en la arqueológica. Son las dos patas fundamentales que componen los trabajos que se desarrollan en la localidad.

Esta última –la faceta arqueológica– se encuentra capitaneada por los investigadores Nohemi Sala y Adrián Pablos, quienes muestran su satisfacción por el trabajo que se está realizando. Han obtenido frutos muy positivos de etapas como el Paleolítico Superior, la Edad del Bronce y la del Cobre. “La relevancia de estas excavaciones radica en los periodos en los que se encuadra, comprendidos entre la extinción de los neandertales y la llegada a la meseta de los primeros Homo sapiens”, subraya Adrián Pablos, codirector del yacimiento.

Durante el Paleolítico Superior se distinguía “un gran vacío” en el ámbito mesetario, al sur de la Cordillera Cantábrica. “Y lo poco que había, estaba muy dudoso”. Pero el yacimiento tamajonero –el de «El Abrigo de La Malia»– ha comenzado a ofrecer información de esta época en una zona en la que –hasta ahora– no existía nada de información. “De ahí brota su relevancia”, añade Pablos. Entre los hallazgos más reseñables del emplazamiento se encuentran ejemplos de utillaje lítico –como cuchillos de piedra–, atribuidos a los primeros Homo sapiens que habitaron en la meseta. Asimismo, “hemos encontrado restos de animales consumidos por estos primeros humanos del centro peninsular”, explica el referido investigador.

Un proyecto ambicioso

El proyecto de investigación de Tamajón está adscrito al CENIEH, pero cuenta con la colaboración de diversas entidades, entre las que se encuentran universidades nacionales y extranjeras, el Institut Català de Paleoecología Humana y Evolució Social (IPHES) y el Ayuntamiento de la localidad. Además, se debe mencionar la cofinanciación de la Junta de Comunidades de Castilla–La Mancha, el CENIEH y el propio Consistorio agallonero. De hecho, se ha producido un “buen entendimiento” con instancias municipales, sobre todo en la implementación de los trámites necesarios para el desarrollo de los trabajos. No han puesto ningún problema. “Al mismo tiempo, financian una parte de la excavación”, confirma Adrián Pablos.

Mayoritariamente, el equipo de gobierno consistorial ha apostado recursos para la manutención y alojamiento del equipo, que es una de las partidas más importantes, debido al gran número de personas involucradas en el proyecto. “Nos surte con todo tipo de materiales y espacios para que podemos desarrollar nuestras investigaciones”. La Junta de Comunidades de Castilla–La Mancha también se ha involucrado en el sostenimiento económico de las labores arqueológicas que se están desarrollando en el territorio tamajonero.

Gracias a toda esta implicación, se está dando continuidad a las investigaciones arqueológicas emprendidas en la década de 1990 en la Cueva de los Torrejones. Unos trabajos que se prolongaron en sendas campañas desarrolladas en 2017 y 2018, y que también arrojaron unos resultados muy positivos, relativos a poblamientos neandertales. En ese momento, además, “hicimos una serie de prospecciones, en las que descubrimos varias cuevas y abrigos, entre los que se encontró el de «La Malia», que es donde se sigue siendo investigado a día de hoy”, confirma Adrián Pablos.

Gracias a esta gran riqueza arqueológica, los expertos han planteado continuar trabajando en el nuevo lugar, donde se han encontrado huellas de una ocupación de Homo sapiens. Un guante que ha sido inmediatamente recogido por las administraciones públicas competentes, que han facilitado los trámites, la financiación y las labores logísticas de las investigaciones científicas.

En el nuevo emplazamiento, “estamos centrados en dos periodos. Por un lado, el Paleolítico Superior, correspondiente a los primeros poblamientos de Homo sapiens, por lo que esperamos encontrar evidencias antiguas de esta especie. De hecho, ya tenemos algunos resultados preliminares, que nos invitan a ser optimistas”, explican desde la dirección científica. Se ha encontrado utillaje lítico correspondiente a la época –como cuchillos y azagallas–, así como restos óseos de animales que les sirvieron de alimentos. Entre los mismos, huesos de caballos, ciervos, bóvidos tipo uro, conejos o corzos.

Así, se ha determinado que hubo “tres momentos de ocupación del espacio”, explica Nohemi Sala, codirectora de las excavaciones. Estas tres etapas se ubicarían entre los 35.000 y los 25.000 años de antigüedad, algo que se ha podido saber gracias a los restos del utillaje lítico y óseo que se ha hallado. “Y a medida que la excavación siga descendiendo en cota, esperamos encontrar muestras del Paleolítico Medio, que es la época en que vivieron aquí los neandertales”. De hecho, ya están realizando “catas estratigráficas” para saber si –efectivamente– hubo otros niveles de ocupación del abrigo agallonero. “Es un sitio idóneo para plantear excavaciones a futuro”, indica la mencionada especialista.

Además, los científicos ya han descrito otros vestigios significativos, correspondientes a etapas más recientes. Han encontrado elementos de la Edad del Cobre y de la del Bronce, mucho más cercanos en el tiempo. Y, por tanto, correspondientes “a los agricultores y ganaderos de la época, que ya fabricaban cerámicas y que se encontraban asentados en el territorio, y cuyo desempeño corresponde con el Calcolítico y con la Edad del Bronce”, explica Adrián Pablos. Es decir, eran comunidades sedentarias.

Incluso, han aparecido otros hallazgos de significativa relevancia, como un botón de marfil de elefante utilizado como ornamento, que podría expresar la existencia de algún tipo de intercambio comercial, ya que esta especie de mamífero no era habitual en la zona. Un avance que puede contribuir al ensanchamiento del conocimiento del pasado del centro peninsular.

Una implicación multidisciplinar

El equipo codirigido por Adrián Pablos y Nohemi Sala se compone por una treintena de personas, procedentes de diversas disciplinas. Entre las especialidades representadas en las excavaciones se encuentran la geología, la antropología, la arqueología, la paleontología o la antropología. “Todos los conocimientos que tienen cabida en el yacimiento son bien recibidas”, confirma Adrián Pablos. “Contamos con expertos procedentes de todo el mundo”.

De hecho, hay representantes de entidades científicas alemanas, australianas y de diferentes puntos de España, como las universidades de Sevilla, Murcia, Oviedo, Alcalá, País Vasco, Zaragoza o de la Complutense de Madrid, además del CENIEH y del Institut Català de Paleoecología Humana i Evolució Social (IPHES). “Integramos a un montón de gente. Así, cada vez que queremos solucionar un problema del yacimiento, contamos con el experto de turno”, subraya Pablos. De esta forma, cualquier duda científica que surja, puede ser resuelta al instante.

El trabajo arqueológico es lento, pero gratificante. En las épocas estudiadas en Tamajón, los diferentes niveles que componen el yacimiento son de una longitud reducida –en comparación a los vestigios romanos o medievales–, por lo que se tienen que ir cartografiando, midiendo y fotografiado periódicamente. “Y cualquier objeto que pueda ser de nuestro interés, lo documentamos, para tener toda la información posible y que cualquiera que venga en el futuro a conocer más del emplazamiento, tenga la posibilidad de estudiarlo y evaluarlo”, explica Adrián Pablos.

En cualquier caso, al ser unas labores financiadas con dinero público, desde el equipo de trabajo de «El Abrigo de La Malia» lo tienen muy claro. Quieren compartir con la ciudadanía el conocimiento obtenido por su trabajo. Y hacerlo, además, a través de actividades de difusión. Con este fin, han organizado jornadas de puertas abiertas, para que todo el que quiera tenga la posibilidad de conocer in situ el yacimiento, la labor arqueológica y los avances científicos que se están desarrollando en Tamajón. E, incluso, han organizado talleres de «talla experimental», al tiempo que han permitido que una parte de los materiales obtenidos durante la investigación sean expuestos en el Centro de Interpretación Paleontológica y Arqueológica de la localidad (CIPAT).

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