La campaña de excavaciones de 2026 profundiza en los niveles paleolíticos y de prehistoria reciente de un yacimiento que todavía tiene un amplio recorrido científico. Nueve campañas de investigación han convertido el abrigo de la Malia de Tamajón en una referencia para conocer cómo vivieron, se adaptaron y se relacionaron los grupos humanos que ocuparon el centro de la Península desde hace más de 30.000 años.
Tamajón. 15 de septiembre de 2026. El Abrigo de La Malia continúa desvelando, capa a capa, una historia que comenzó hace decenas de miles de años. La campaña arqueológica de 2026 vuelve a profundizar en los niveles paleolíticos de este yacimiento de Tamajón, donde un equipo multidisciplinar de alrededor de 15 especialistas ha trabajado estos días recuperando nuevas evidencias de las sucesivas ocupaciones humanas del abrigo.
La de este año es la novena campaña sistemática desde que comenzaron las excavaciones en 2018. En esta ocasión, los trabajos continúan proporcionando restos de los animales consumidos por aquellos grupos humanos, herramientas, carbones y evidencias de las hogueras que encendieron en el abrigo, además de materiales correspondientes a momentos más recientes de la Prehistoria.
No ha habido, en 2026, una pieza excepcional que protagonice la campaña. Y precisamente ahí reside una de las claves para entender cómo trabaja la arqueología. “Aquí lo interesante no es la pieza única, sino todo el conjunto”, explica Adrián Pablos, investigador postdoctoral “Ramón y Cajal” del Departamento de Geodinámica, Estratigrafía y Paleontología de la Facultad de Ciencias Geológicas de la Universidad Complutense de Madrid y codirector de las excavaciones. “Son los restos aparentemente insignificantes, su posición y los posteriores análisis los que permiten reconstruir lo que ocurrió en este lugar miles de años atrás”, resume.
La excavación todavía no ha alcanzado el final de la secuencia arqueológica. Los investigadores continúan descendiendo hacia niveles más antiguos y mantienen abierta la posibilidad de que futuras campañas puedan alcanzar cronologías correspondientes a los neandertales. Por el momento no existen evidencias que permitan afirmarlo y serán las próximas excavaciones las que determinen hasta dónde llega realmente el yacimiento.
“Contamos con que es un yacimiento que va a dar su fruto a lo largo de varios lustros de recorrido”, señala Pablos. La intención del equipo es seguir avanzando “con cuidado y con meticulosidad”, conscientes de que cada estrato excavado contiene información que debe quedar perfectamente documentada.
Las investigaciones se desarrollan en el marco del proyecto PYHIP-Tamajón financiado por la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y cuentan con el respaldo del European Research Council (ERC), el Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), el Ayuntamiento de Tamajón, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), junto a las instituciones científicas y universitarias a las que pertenecen los diferentes investigadores.
Un lugar al que regresaron durante miles de años
Lo que hoy se conoce de La Malia permite contemplar la campaña de 2026 con una perspectiva mucho mayor. Cuando el abrigo fue localizado en 2017 y comenzaron las excavaciones sistemáticas un año después, todavía estaba por descubrir que bajo sus sedimentos se conservaba una de las piezas que faltaban para comprender la llegada de los primeros Homo sapiens al interior de la Península.
El gran salto científico llegó en 2024. La revista internacional Science Advances publicó el estudio Nobody’s land? The oldest evidence of early Upper Paleolithic settlements in inland Iberia, que situó las ocupaciones humanas más antiguas documentadas en La Malia entre hace aproximadamente 36.200 y 31.760 años. El yacimiento conserva además ocupaciones posteriores, demostrando que aquellos grupos humanos regresaron a este territorio en diferentes momentos.
El descubrimiento obligó a revisar una idea asentada durante años. El centro de la Península había sido considerado prácticamente una “tierra de nadie” durante parte de aquel periodo, después de la desaparición de los neandertales y antes de las primeras evidencias conocidas de los humanos modernos.
“Hemos puesto un punto en el mapa”, resume Adrián Pablos.
Las investigaciones posteriores están permitiendo ir mucho más allá de saber cuándo estuvieron allí. Los animales que cazaron y consumieron, las herramientas de piedra, los restos de las hogueras, los sedimentos o los pequeños fragmentos de carbón permiten reconstruir poco a poco cómo vivían aquellas personas y cómo utilizaban el territorio.
En 2025, un nuevo estudio publicado en Quaternary Science Advances profundizó precisamente en las estrategias de subsistencia de los grupos humanos que ocuparon La Malia. El análisis de los restos animales apuntó al aprovechamiento de ungulados medianos y grandes y a estancias breves pero recurrentes en el abrigo, probablemente relacionadas con actividades de caza.
A ello se han sumado investigaciones sobre los restos de ADN antiguo de caballos recuperados en el yacimiento, que permitieron identificar los ejemplares más antiguos conocidos hasta el momento del denominado linaje ibérico. La repercusión de estos trabajos ha llevado el nombre de La Malia y de Tamajón a revistas científicas internacionales y también a medios especializados en divulgación.
Así era Tamajón hace más de 30.000 años
El territorio que rodeaba La Malia no era muy diferente al actual. Las investigaciones dibujan un paisaje predominantemente arbóreo y templado que, con el paso del tiempo, evolucionó hacia condiciones más abiertas, frías y secas. Por aquellos espacios se movían caballos, ciervos, bisontes y otros animales que formaron parte de la alimentación de los grupos humanos.
Aquellas poblaciones eran nómadas. Se desplazaban siguiendo los recursos y utilizaron La Malia durante estancias relativamente breves, posiblemente de semanas o algunos meses. Conocían bien el territorio, sabían dónde encontrar animales y materias primas y qué lugares ofrecían mejores condiciones para refugiarse.
En La Malia encendieron fuego, prepararon los animales cazados y realizaron actividades cotidianas cuyos pequeños rastros han sobrevivido durante decenas de miles de años.
La investigación muestra, además, que el progresivo endurecimiento de las condiciones ambientales no impidió que los Homo sapiens continuaran ocupando el interior peninsular. Su capacidad para adaptarse a esos cambios constituye otra de las grandes aportaciones científicas del yacimiento.
Un territorio habitado y conectado
La importancia de La Malia se comprende todavía mejor cuando se observa el conjunto del término municipal. Peña Capón, Los Enebrales, La Malia y la Cueva de los Torrejones conservan evidencias correspondientes a diferentes momentos de una larguísima historia de presencia humana.
Las investigaciones empiezan incluso a plantear cómo pudieron relacionarse algunos de estos lugares. Adrián Pablos explica que existen cronologías de Peña Capón que encuentran correspondencia con niveles presentes en La Malia. Una de las posibilidades que se estudian es que distintos enclaves fueran utilizados para actividades diferentes, con zonas vinculadas a la caza y otras a las que los grupos regresaban para procesar alimentos y permanecer durante algún tiempo.
No existen evidencias para afirmar que fueran exactamente las mismas personas, pero los resultados permiten comenzar a entender estos yacimientos como partes de un territorio utilizado y conocido por las poblaciones prehistóricas.
Y ese territorio tampoco estaba aislado del resto de Europa. Una investigación publicada en 2026 en Science Advances sobre Peña Capón ha aportado una perspectiva extraordinaria sobre las relaciones sociales de aquellos cazadores-recolectores. El análisis del origen de las piedras utilizadas para fabricar sus herramientas ha permitido identificar materias primas procedentes de lugares situados a 600 y 700 kilómetros de distancia, incluso del actual suroeste de Francia. El conjunto de procedencias estudiadas dibuja una red territorial mínima próxima a los 89.000 kilómetros cuadrados.
Los investigadores interpretan esas enormes distancias no como los desplazamientos habituales de un único grupo, sino como evidencia de la existencia de redes sociales entre distintas comunidades de cazadores-recolectores, a través de las cuales circulaban materias primas, objetos y probablemente información.
La imagen que empieza a surgir es, por tanto, muy diferente a la de un interior peninsular vacío y aislado. Los grupos humanos que pasaron por el territorio de Tamajón formaban parte de un mundo en movimiento y conectado con comunidades situadas a cientos de kilómetros.
Investigar y devolver el conocimiento a la sociedad
La campaña de 2026 ha vuelto a combinar investigación y divulgación. El pasado 30 de agosto, el Abrigo de La Malia abrió sus puertas al público en dos turnos de visita y, el 1 de septiembre, Adrián Pablos presentó en el Centro Cultural las últimas investigaciones del yacimiento, en una jornada en la que Miriam Cubas abordó también las sociedades agricultoras y ganaderas prehistóricas de Tamajón.
Para Pablos, esta dimensión forma parte del propio trabajo científico. La investigación “tiene que revertir en la sociedad y en la gente de la zona”, señala. Las jornadas de puertas abiertas reúnen habitualmente entre un centenar y 120 personas y permiten que vecinos y visitantes conozcan directamente qué hacen los investigadores y para qué sirve el conocimiento generado.
Ese vínculo entre el equipo investigador y Tamajón ha adquirido este año una dimensión especial después del incendio forestal que afectó al entorno del municipio. Los investigadores siguieron con preocupación su evolución y mantuvieron contacto con el Ayuntamiento durante aquellos días. “Nos hemos ofrecido al alcalde, a la Diputación, a quien haga falta, a hacer lo que sea necesario para que esto se recupere”, explica Pablos, quien subraya la disposición del equipo a colaborar mediante conferencias, charlas y actividades que contribuyan también a mantener la llegada de visitantes al territorio.
En este camino, el equipo científico ha contado durante estos años con la colaboración del Ayuntamiento de Tamajón, tanto en el desarrollo de las campañas como en la divulgación de sus resultados. “Para un municipio como Tamajón supone un esfuerzo mantener durante tantos años este compromiso con la investigación, pero también es un enorme privilegio. Bajo nuestro territorio se conserva una parte de la historia de todos y entendemos que nuestra responsabilidad es ayudar a investigarla, protegerla y hacer que la sociedad pueda conocerla”, señala el alcalde, Eugenio Esteban.
El CIPAT, el puente entre los hallazgos y el público
Una pieza fundamental de esa estrategia es el Centro de Interpretación Paleontológica y Arqueológica de Tamajón (CIPAT), abierto en 2021 para acercar al público el patrimonio del municipio y los resultados de las investigaciones que se desarrollan en su término.
El centro con quien colabora el equipo de investigación ha crecido de forma paralela a los trabajos científicos. Ha superado los 10.000 visitantes desde su apertura y continúa incorporando recursos que permiten explicar la Prehistoria de una manera accesible, especialmente al público familiar y escolar. En 2025 recibió además el Premio Regional de Turismo de Castilla-La Mancha al Mejor Proyecto Turístico Sostenible, que reconoció un modelo que combina divulgación, conservación del patrimonio y desarrollo turístico.
El propio Adrián Pablos destaca el valor de que un municipio de las dimensiones de Tamajón haya conseguido disponer de un espacio de estas características y la oportunidad que ofrece para trasladar al público objetos, réplicas y, especialmente, los resultados que va proporcionando la investigación. “El objetivo es que lo que se descubre aquí no se quede únicamente en las excavaciones o en las revistas científicas. El CIPAT permite acercar este patrimonio a la gente y conseguir que la arqueología y la paleontología sean también cultura, educación, turismo y una oportunidad para el territorio”, añade Eugenio Esteban.
Una vez ha finalizado la campaña, La Malia vuelve a quedar protegida y los materiales recuperados pasarán a los laboratorios. Allí comenzará otra parte menos visible de la investigación, que puede prolongarse durante meses o años y que permitirá obtener nueva información de cada resto.
Después de nueve campañas, La Malia continúa ampliando el conocimiento sobre los primeros Homo sapiens del interior peninsular, mientras el conjunto de yacimientos de Tamajón permite reconstruir una historia mucho más amplia, la de un territorio habitado, aprovechado y conectado durante decenas de miles de años.