En una mañana soleada de primavera, con los campos engalanados con un manto de intenso verdor y rodeados de un mar de flores en diferentes tonalidades, los agalloneros celebraron la tradicional Romería de Mayo hasta la Ermita de la Virgen de los Enebrales. Los componentes de la Hermandad de “La Serrana”, refundada en agosto de 2016, ya habían realizado en los días previos todos los preparativos necesarios para que la Virgen brillara con luz propia y pudiera celebrarse la tercera edición consecutiva de la recuperada Romería a la Ermita de los Enebrales.

En primer lugar y a la hora convenida, se ofició la misa por el párroco local, Eucher Adounkpe, y fue Elvira Gamo, presidenta de la Hermandad, quien efectuó las correspondientes ofrendas dirigiéndose a “La Serrana”.  Al finalizar el oficio religioso, se inició propiamente la procesión por un recorrido que transcurrió por el paraje conocido como Las Enebradas.

Antes de salir en procesión, en el pórtico de la ermita, los Gaiteros Mirasierra, en su condición de hermanos de honor de la Hermandad, hicieron sonar sus dulzainas y tamboriles, realzando el momento solemne de la salida de la virgen, muy querida en la villa agallonera y en toda la Sierra Norte de Guadalajara.

Con la salida de la virgen, hermosamente ataviada con un manto crema y oro, donado altruistamente por uno de sus feligreses, comenzó la procesión alrededor de la ermita, erigida en el terreno conocido como “Al sitio de la madre de Dios”. Los agalloneros llevan muy dentro el sentimiento hacia su virgen, por la que profesan auténtica devoción.

En sus rostros se reflejaba ese respeto y admiración que abrigan al contemplarla sobre las andas, rodeada de flores, para comenzar la preceptiva vuelta por los alrededores de la ermita. Por delante de la señora, los gaiteros amenizaban la marcha con sus notas musicales. A su regreso a los soportales del templo, tuvo lugar, como es costumbre, la subasta de las andas de la Virgen, antes de entrar nuevamente a la ermita. Lo llevó a cabo, como es costumbre, Darío Santos. De vuelta en el altar, los agalloneros cantaron con entusiasmo su himno y besaron con recogimiento su manto, rematando así un bonito día de fiesta.

Este año, la Hermandad ha arreglado el coro de la ermita, renovándolo totalmente con un acabado en madera, que terminaron recientemente. Así, lucía en todo su esplendor justo antes de la Romería. Los miembros de la Hermandad se preocupan durante todo el año en atender las necesidades de la ermita con detalles como la compra de las flores, reponer velas, la limpieza del lugar y también otras reformas de mayor envergadura en el interior de la ermita y su entorno. La Virgen de los Enebrales les marca el camino y sus componentes se esfuerzan en que cada año la Romería tenga más éxito, con la presencia de un mayor número de fieles procedentes de todos los rincones de la Sierra, tratando de transmitir esta hermosa tradición a los más jóvenes.

Los antecedentes de la Romería

El origen de la Romería se remonta a la celebración del Día de la Colación en Almiruete, que empezó a realizarse, según la tradición oral, a consecuencia de haber evitado una epidemia, posiblemente de peste, que llegó a la comarca a finales del siglo XVI. Dicen que dejó más de un millar de muertos en el Marquesado de Cogolludo y en los pueblos limítrofes. El hecho de que pasara de largo por el pueblo se atribuyó a la obra de Nuestra Señora de los Enebrales y, por ello, se instauró entonces la costumbre de que saliera en procesión desde Almiruete hasta la Ermita de la Serrana el día 8 de mayo. Era formal, con cruz, estandarte y pendón, y encabezada por las autoridades municipales y eclesiásticas, hasta la conocida como encina de la abuelita. Desde allí y hasta un kilómetro de la Ermita, se deshacía, para volver a constituirse, con todo su boato, a la vera de la encina de la letanía.

Con el paso de los años y la emigración, se perdió la tradición y el Día de la Colación dejó de procesionar hasta la Ermita de la Virgen de los Enebrales, retomándose la celebración en Almiruete, pero manteniéndose la Romería en Tamajón. La costumbre se perdió a mediados del siglo pasado y se recuperó posteriormente de manera intermitente, con un formato similar, prácticamente idéntico, al que se lleva a cabo ahora.

 

Antiguamente acudían a la Romería fieles de todos los pueblos de la comarca, por los estrechos caminos, andando desde Valverde, Majaelrayo, Campillo o Campillejo. Tal era la devoción, que hasta vecinos de la madrileña localidad de Puebla de la Sierra, antes conocida como de la Mujer Muerta por la silueta de sus montañas, venían descalzos, recorriendo varios kilómetros, hasta la ermita. Los feligreses sienten una fe muy grande por su patrona, a diario siempre hay algún peregrino que se acerca hasta la ermita para honrar a “La Serrana”, que siempre tiene las puertas abiertas, con una reja interior.

 

En las fiestas de agosto, los agalloneros se desplazan hasta la ermita para rezarle a la virgen y ofrecerle flores. Cada peña y todo aquel que quiera le ofrece un ramo. Antiguamente, al rezar la salve, los mozos permanecían toda la noche velándola. El sábado de la fiesta se reza el último día de la novena y se la trae a Tamajón en procesión. Desde hace tres años se ha recuperado la Romería con el impulso de la refundada Hermandad, que quiere devolverla el esplendor de sus mejores años.